Memorias II Cuando comenzamos a producir cortos en video, la presencia femenina en pantalla era nula; por un lado, la mayoría de los guiones que planteábamos estaban inscritos en un universo Tobisiesco que no daba cabida a una mujer, o mejor dicho, las ahuyentaba. Y por otro, cuando necesitábamos a una fémina a cuadro, no encontrábamos un verdadero eco en las muchachas a las que acudíamos, amén de Fictizia Romero quien siempre a estado lista para el llamado. Para llevar “Rumor de Labios” a buen termino, necesitábamos encontrar una chica que hiciera de interés romántico de Ferio Terán, nuestro protagonista en turno: pero los tiempos, obligaciones y cierta renuencia a la cámara complicaron la realización del corto faltando poco tiempo para la entrega, y con Ferio fuera por problemas de comunicación -o esa fue la excusa que nos dio- Ya estábamos aplazando la producción para una mejor ocasión cuando nos pusieron en suerte a Benito Santillán. viejo conocido que, una vez se hubo enterado de la situación, nos alentó a continuar con ayuda de unas jovenes amigas suyas. Así nos presentó a Claudia González y a dos de sus tres hijas: Paula y Karina. Les contamos del proyecto, y pronto se entusiasmaron con el, Karina Valle fue la elegida para ser la chica, y no sólo nos apoyó para llevar a buen termino este trabajo, si no que convenció a Alejandro González para ser el chico a quien cargaramos de cables como obstáculo para encontrarse con ella. En aquella ocasión, y una vez más, la UAM Azcapotzalco nos prestó sus instalaciones para realizar este corto. Aquí unas cuantas imágenes de la grabación. Disfruten.
Memorias.
Cada vez que uno presenta una memoria y la plantea como realidad frente a la cámara, está sujeto, una vez más, a esas construcciones individuales y mil prespectivas que ponen en tela de juicio la veracidad de lo que se habla. Uno, cuando cuenta una historia, no habla acerca de absolutos, no debe. Se plantean imágenes que construyen, o mejor dicho, reconstruyen algo que ocurrió desde la perspectiva individual, aunque no siempre tal y como sucedieron los hechos, si no como anhelamos que hubiesen ocurrido.
Cuando planeabamos Rumor de labios, repasamos, de alguna forma, nuestros años adolescentes: enfrentados a nosotros mismos, a quienes nos molestaban por diversión, a quienes nos significaban un pequeño obstáculo para alcanzar nuestros anhelos en forma de los labios de la compañerita; coincidimos en que toda adolescencia como un complicado lapso de tiempo, y las circunstancias en que se crece sólo hacen más difícil ese trance entre la juventud y la niñez. Pero, de ese lapso, de esas vivencias, encontramos que, cuando adolescentes, algo conservamos de ese sentido místico del niño y lo usamos para crecer. Ya no hay mosntruos bajo la cama, ni villanos esperando a la vuelta de la esquina, son gandallas de salón, y nosotros mismos a quienes enfrentamos para alcanzar “eso”.
Y una vez más, y para aderezar cada producción, tuvimos muchos problemas para realizar las ideas que originalmente se planearon, pero encontramos mucho, mucho apoyo en la producción.
Las circunstancia, ese lado de la realidad a la cual acudímos cuando algo se sale de nuestro aparente control. La circunstancia nos abraza un día y va complicando mucho proyectos personales hasta ponerlos en un lugar alejado de nuestros pendientes, pero a la vez tan cerca, tan desesperantemente cerca, que uno encuentra difícil el hecho de no haber tomado un tiempo para sentarse y retomar aquello que a empezado. Así estoy ahora, robandole horas a la madrugada, abrazado de la circunstancia, para retomar este virtual espacio t tratar de llevar a buen termino la difícil tarea de escribir acerca del sentido de realidad del realizador, regresando a la pregunta planteada en los materiales oníricos del mismo apartado: ¿Son los sueños una parte definitoria de la realidad o es nuestra percepción de realidad la que define nuestros sueños? De alguna forma, el absurdo de los sueños esta sujeto a alguna leyes vivenciales -propias de cada cuál- hecho a partir del cual, recordamos ese amasijo de imágenes informes y, como el poeta, le damos forma, sentido y en ocasiones hasta se le atañen significados de grandes proporciones cosmicas cuando no son los relojes blandos o los rostros vacíos de rasgos los que nos inquietan, si no aquello dentro de esas imágenes y sensaciones que nos explica una parte de nosotros mismos, pero, cuando creemos que algo hemos comprendido, somos, por alguna razón, incapaces de hablar de ello de forma clara. Allí el eje sobre el que gira la exposición de muchos surrealistas, es la inquietud, lo privado, el anhelo y la incapacidad la que parece rondar en muchos de nuestros sueños, es ese temor propio del ser humano que todavía se pregunta por qué de las cosas y cuál la causa del miedo a la oscuridad o qué es esa duda a dar otro paso; o hablar y dejar mucho en claro, y hacer de lado las prohibiciones inócuas y dezcalsarse para sentir el frío del suelo si es que eso pone remedio a esa sensación de falta que ronda nuestros días y hace malas muchas de nuestras noches. Vigilioxil esta construido a partir de esas sensaciones.
Si, pareciera que nuestro sentido de realidad define nuestros sueños, sin embargo, no todo en ellos esta cargado de esas sensaciones anteriormente descritas. También esta la otra parte, esos sueños que no duran, que se pierden apenas abrir los ojos, esos sueñor en los que nos sabemos felices o dichosos por cosas tan sencillas como correr descalzo sobre suelo de duela o comer aquel platillo o qué se yo. Hay tanto, también, que esos sueños explican acerca de uno mismo.
Cuando somos niños, -es decir, infantes, no vaya a pensarse que excluimos a las niñas por no traerlas a colación como dictan las nuevas y buenas maneras; no, a ellas, a las mujeres, el aparato normativo, por mucho tiempo, las dejo fuera del juego fantástico para enseñarles a lavar la ropa y cocinar, pero ese es otro tema, solo teníamos que hacer la puntual aclaración- Cuando somos infantes, nuestra imaginación es volatil, ese polvorín estalla reaccionando al fuego del folclor, la tradición, la historia, o todas revueltas; esta explosión se vuelve un escaparate de historias interminable. A esto, hay que añadir un elemento propio del niño –y la niña- eso que los alemanes llaman wundersuht, el sentido místico de la realidad, de lo mágico y lo sobrenatural que se experimenta, en la niñez, mediante ruidos y visiones; cuando de adulto, todavía te pones nervioso por que los muebles truenan durante la noche, quizá todavía no has superado esta etapa, pero eso no tiene nada de malo siempre que puedas manejarlo en aras de ese escaparate fabuloso mencionado líneas antes. Ese sentido de lo místico es el que le da vida al bestiario bajo la cama, a las quimericas apariciones en los libros de cuentos y voz a las deidades (buenas o malas) que pueblan nuestra niñez y nos hacen, de alguna manera, crecer –aparte de los regaños de mamá o papá cuando se cansan de despertar de madrugada para consolarte de un mal sueño- A muchos, esos temores nos atraen, ese sentido místico nos alimenta y alienta la dirección de muchas historias cuya imprecisión en sus datos permite atañir matices de fantásticos, dando paso a las leyendas. Para quienes fuímos infantes en los ochenta, encontramos un caudal de esas sensaciones en muchas de las películas fantásticas de la época, aquí el homenaje que hacemos de un cine ya dejado atrás, el de ninjas.
La realidad, diario bombardeo de sonidos e imágenes, no esta delimitada por aquello que nuestro cerebro interpreta, en buena medida, sobre la base de nuestra formación personal –la educación es muy limitada y limitante en el setido de persepción del que ahora escribo- La realidad es tan vasta que no nos alcanza la pretensión para abarcarla toda, sin embargo, es dable compartir esa construcción individual para enriquecer el marco general de cada uno de nosotros. Consideremos el hipotético caso de un cientifico, un hombre religioso, y un mexicano de izquierda que viajan en el mismo gabinete de un tren, y durante su camino, un rayo de fulgor rojo ilumina el paisaje. El cientifico atañe dicho color a la descomposición de la luz durante el fenómeno, el religioso piensa que es una manifestación de dios, y el mexicano, sumido en la sana costumbre nacional de dormirse durante el viaje, cree que ambos maquinan un complot en contra de su salud mental al oirlos cambiar impresiones, pues no vió nada de lo que discuten y solo esta seguro de que va a llover por la forma como truena el cielo. Hablar de la realidad es entrar en una polémica muy parecida, ninguno de los protagonistas esta equivocado en cuanto a lo que vió –o no vió, según sea el caso- solo tienen una percepción muy distinta de los hechos, y definida por su sensibilidad, cultura individual, y en ocasiones, hasta de la circunstancia. La realidad tiene, así, miles de acepciones, no solo es eso que existe, que es palpable y/o definitorio. Se aleja de toda imposición social para ser, ante todo, puerta experiencial de cada ser, potencia espiritual y armonia de conocimiento, cosa distinta para cada uno, ya se a dicho. Ahora, una vez que abrimos la puerta y damos paso a otras perspectivas del mundo, nos encontramos con un abanico interminable, y de él tomo uno que siempre ha llamado mi atención de especial manera: los sueños. ¿Son estos una parte definitoria de la realidad o es nuestra percepción de realidad la que define nuestros sueños? No tengo respuesta aún, y más difícil aún por que nunca puedo recordar que sueño, apenas retazos de los mismos, y en ocasiones solo la sensación que producen. Candy Powder esta basado en un partiuclar retazo de sueño, imagen tan peculiar que no lo olvidé al despertar, lo que es más, me apure a contarselo a mi esposa antes de olvidar aquellas imágenes en la niebla de la memoria y los deberes pendientes.
Las asociaciones son gratuitas, incluso un poco vulgares, pero nos divertimos mucho mientras lo planeamos y más cuando lo llevamos a cabo. La canción de fondo siempre estuvo presente, como que estaba de fondo mientras dormia cuando se gesto este sueño del que les escribo. Más tarde, mientras lo editaba, ponia la canción una y otra vez, y mi esposa, a un par de semanas de dar a luz, me acompañaba. Cuando nació nuestra hija, Silvana, y puse el corto en el reproductor, ella volteó al lugar de donde salía la música, como si la recordara de algún lugar. Parte de su particular percepción del mundo. Y ahora, parte del mío.
Una persona –yo, tu- nacida en estos tiempos, en este espacio, es bombardeada constantemente por cualquier cantidad de información en el curso del cotidiano -los días, las costumbres, las jornadas- Los sentidos, como forma de sobrevivencia, desprecian mucha de la información a la cual son sometidos; de esta fomra, no nos volvemos locos a mitad de la calle (hay quién si, y eso puede ser bueno, pero dejemos eso como anotación de futuro tema) Así, podríamos decir que en el transcurso de los días, fuertemente marcados por un ciclo productivo ininterrumpido –que dentro de si mismo, solo da paso (en muchas de las ocasiones) a complacencias fortuitas- elegimos qué ver, qué sentir, de todo aquello que se nos presenta. Cuando salimos al encuentro de alguíen en, por ejemplo, una plaza atestada de gente, solo podemos ver con claridad los rasgos de aquella persona con quien nos citamos, y todas las demas almas, grueso poblacional, quedan relegadas a un segundo plano aunque casi choquemos con ellas en ese espacio en el cual coincidimos. De forma muy similar –aunque conciente- cuando tomamos una cámara, elegimos qué de todo aquello que ronda en la temática a tratar, será registrado. Plano general, plano medio, primer plano, plano ameriacano, plano holandes, plano secuencia; académicamente, las formas de registrar son pocas, más sin embargo, los motivos a grabar son tantos –todo aquello de lo que ya hemos escrito, esas cosas que nos marcan por la particularidad de su naturaleza- que el abanico de posibilidades dentro del hacer cinematoGráfico –incluso el ciclo productivo ininterrumpido- es tan grande, que precisamente, esa es la razón por la cuál debemos seleccionar de él solo aquello que haga más comprensible aquello de lo que hablamos, pues de otra forma, caeriamos en una pendiente tan basta que siempre pareceria que nos falta tiempo para desarrollar nuestro discurso. La realida frente a la cámara es una realidad escogida, delimitada por límites impuestos por nuestra propia perspectiva del mundo. Nos pareció buena idea ilustrar esa cualidad de “realidad” con Últimos días de la víctima, corto basado en la historieta homónima de Ricardo Peláez y Rolo Diez -basados a su vez en la novela de José Pablo Feinman- en donde somos testigos del modus operandi de un asesino aparentemente cazándose a si mismo.
Esta historia nos interesó por esa aura de extrañeza que la rodea. Dentro del ir y venir de todos los días, se suceden cosas que nos marcan, nos hacen ser quién somos. Estas cosas van de los encuentros hasta los olvidos, pasando, también, por aquello que no es normal, que no esta inscrito dentro del cotidiano, y sin embargo, esas cosas extrañas suceden, y son de una naturaleza tan particular, que forman parte de uno y el medio, como en Pedro Páramo, donde convivir con fantasmas es cosa de todos los días; como en nuestra propia vida, donde hemos sido parte de sucesos que no podemos explicar a bien qué fueron, pero que los recordamos –y los presentimos- tan vividamente como un hola, o un adíos.
Hace unos días, mandamos una serie de correos electrónicos promocionando este espacio como una forma de hacernos de liquidez para continuar en este andar audiovisual. Algunos han respondido visitándonos -gracias a ellos- y otros, como el camarada Oniwako, nos reclama que la promoción de este espacio esta centrada en un texto dejado hace meses, es cierto, una disculpa por ello. Sin embargo, este incidente sirve para exponer un punto un tanto insidioso en este oficio, y es el del tiempo cinematográfico, no aquel que transcurre frente a la pantalla, si no el que esta detrás de las cámaras, el nuestro, el ir y venir de todos los días. El alba despunta, veinte millones de personas económicamente activas toman rumbo a sus respectivos trabajos, la temperatura es de apenas unos grados centígrados arriba de cero; al mediodía se esta en diecinueve y se espera que llueva por la tarde, pero no es nada seguro; sin embargo, la jornada continua como de costumbre y a la hora usual de salida, las calles se atiborran de almas de camino de regreso a casa, donde una vez que llegan encenderan el televisor en busca de un efímero consuelo y/o distracción; los puestos de garnachas se llenaran a la hora de la cena, los apetitos se saciaran de extraña manera, las puertas se cerrarán con llave y las calles se quedaran vacias una vez más, y así, sucesivamente, sin importar los sinos de cada oficio, cada día hay que atender al rito para satisfacer una necesidad particular –propia o de familia- y en este aspecto no hay vuelta de hoja, hay que seguir o joderse, donde lo segundo es más fácil que lo primero. Seguir implica dejar algo de lado para poder avanzar satisfactoriamente en aras de llenar aquellas necesidades del cotidiano antes mencionadas, ahí es donde vertimos la mayor parte de nuestros días a manera de algunos trabajos -muchos de ellos absurdos, otros un poco más interesantes- que dejan para pagar las cuentas. Y sin embargo, dentro de estos absurdos, hemos encontrado algunas oportunidades para seguir en el hacer cinematográfico, con sus respectivas limitantes. Qué problema el de producir por encargo, más en esta época tan llena de espectaculares animaciones en 3D, y en este pais lleno de clientes clamando por una solución lo más sencilla –y barata- posible, pero sin escatimar en esfuerzoz por parte del equipo de producción que suele ser de una o dos personas a lo más. Dentro de este panorama, es un oasis encontrar encargos en donde, a pesar de las restricciones de tiempo y de presupuesto –por supuesto- uno pueda proponer soluciones fáctibles visualmente hablando, y significativas, con respecto a aquello que se espera de uno. Hace algunos años, por intermedio de un amigo, conocí a un hombre con altas pretensiones cinematográficas en busca de alguién que pudiera hacer un video clip, regalo de cumpleaños para su esposa, que dijera, en el tiempo que dura los acordes de una canción, todo lo que su mujer, y la familia que han formado, le significan. Tal proyecto se aparece tentador en primera instancia, y se acepta sin pensarlo mucho, ya despues, entrados en el problema de encontrar un banco donde cobrar el cheque que te dieron como adelanto, te da tiempo de pensar en el vardadero problema de este tipo de proyectos: la empatía, particular, única, e indivisible. Uno, necio y empático, construye largas marañas y más enredadas explicaciones respecto de lo que siente por otro. Imagínense que problema el hablar de sentimientos que uno reconoce, pero que son enteramente ajenos por tratarse del sentir de otro con respecto a otro. La única forma de resolver tal conflicto –el sentir aunado a los gustos particulares de cada parte- es construyendo un canal de comunicación muy estrecho entre guionista –y productor- y director, para que las imágenes en pantalla no sean extrañas al sentir de ambos y puedan, a su vez, resonar en el sentir de aquella mujer a quien este esfuerzo fue hecho. Un mes completo tomo realizar este trabajo, donde tres de aquellas semanas se ocuparon en charlar –a la vez que se producía- de todas aquellas posibilidades contenidas en este video. No estan todas –como siempre- y debimos dejar de lado muchas cosas debido a la cercania de la fecha a celebrar, sin embargo, este es el encargo más completo que hayamos realizado puesto que logramos conciliar nuestras ideas con las del productor sin caer en las complacencias para quien paga.