A los imperdonables en sus XV años.

La siguiente es una historia que ya hemos contado muchas veces. Y es que parece que los motivos de celebración están rodeados de cierto aire nostálgico que, invariablemente,  traen a colación las primeras historias, los orígenes, el momento en que ese algo hizo click y nos tiene andando en esta vera. Nosotros, como grupo, no nos habíamos puesto la meta de hacer audiovisuales, de alguna forma, tal era un secreto anhelo que cada uno guardaba para  cuando la situación permitiese dar rienda suelta a esas particulares inquietudes. Así que debemos reconocer cierta fortuna al toparnos con un grupo de tipos con los que coincidimos, en mayor o menor medida, en temas, fijaciones y objetivos.
Coincidir en aquel curso, aquel lejano 2002, fue otro gramo de esa hipotética fortuna. Todos veníamos arrastrando historias y materias, así que aquella pequeña comunidad de incipientes realizadores fue mera licencia para juntarnos a cotorrear mientras sacábamos los mayor cantidad de créditos posibles para seguir avanzando en la licenciatura. Lo malo es que ya teníamos el gusanito audiovisual reptando en nuestros adentros, así que, cuando comenzamos a alimentarlo, fue creciendo en fuerza y demandas. Ya era muy difícil no atenderlo; el poeta tenía razón: “No nos tentemos, si no, no nos podremos olvidar”
Así nosotros, pasamos de las audiovisuales con diapositivas a cortos de ficción en video. Nos hicimos llamar Los imperdonables una tarde de un 27 de febrero, adoptamos como imagen al señor Eastwood con todo y zarapito, arma desenfundada, gesto hosco; y nos lanzamos a experimentar con los alcances de una Hi8, a adolecer del audio, a querer más hasta que la ambición nos llevo a cambiar de mote y figura para ser Producciones Imperdonables y aprender, de una buena vez, qué se necesita para hacer una película tras otra.  Todavía no tenemos la clave, pero seguimos investigando.
En todo este tiempo, hemos visto con alegría como marchan favorablemente ciertos proyectos, como pasan por nuestras manos otros que debemos guardar en el odiado cajón. Mucha gente nos ha obsequiado su tiempo y talento, y a todos ellos les agradecemos todo por que nos han hecho mejores personas -o al menos eso queremos creer- Nos han enseñado, acompañado hasta donde los caminos se bifurcan, separados en la promesa del hasta pronto. De todos ellos se han las mañanas, los diálogos, las imágenes y estos años que, sumados, ya son quince.
Está historia ya la hemos contado muchas veces, si. Sin embargo, hoy queremos repasarla de nuevo porque a pesar de los números rojos, del tamaño del cajón y las dudas, cada proyecto y sus desencuentros nos han dejado mucho, nos hemos divertido mucho, tanto que el gusanito audiovisual sigue pidiendo de comer, y no podemos ignorarlo durante mucho tiempo.
Muchas gracias a todos, ha  sido maravilloso.

Y todavía lo es.


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