Fin de ciclo

Conocimos el cine de Eliseo Subiela por encargo. Fue en una clase de semiótica de la imagen que Gerardo Toledo nos proyectó “El lado oscuro del corazón” como ejercicio de análisis y reinterpretación de sus signos para diseñar un nuevo cartel. Fue increíble. Como ya lo habíamos contado en anteriores ocasiones, nuestras referencias eran más bien populares, coloridas, pero carentes de esa riqueza de significados que el director coloca en cada escena. Con pocos recursos, Subiela construye un relato agridulce sobre la búsqueda del otro, aquel en el que nos reconocernos a pesar de ser tan distintos. Pero también es la búsqueda de nuestro lugar en el mundo, de la resistencia contra las instituciones, contra lo establecido, contra lo que indique morirse de a poco y correctamente. Plena de claroscuros, de poesía hasta en el tendedero, nos reconocemos en esta película no por pensarnos poetas, sino porque, de la misma forma que Oliverio, vamos dando tumbos, largos viajes recorriendo los fálicos signos de las calles de aquellas ciudades, que son esta, aunque se ubique en ese país, también extraño y tan familiar, que es Uruguay y/o Argentina posteriores a la época de los militares.
Al final de la función, sabíamos que eso era lo que queríamos hacer: Dejar de lado la hosca dureza del muchacho de barrio y hablar de las cosas que no entendemos, de lo que nos conmueve, que nos hacen temblar. Así lo hicimos, en uno de nuestros cortos -trabajo escolar que grabamos en un viejo casete VHS- contamos la historia de una guionista buscando una historia, tecleando con fuerza, dejando, literalmente,  el corazón sobre el escritorio mientras seguía aporreando las teclas de una vieja máquina de escribir. Homenaje/fusil a aquella escena donde el poeta entrega, en bandeja de plata, el corazón y unos billetes a la mujer de sus anhelos.
El maestro Subiela falleció el 25 de diciembre del año que acaba de terminar. Su muerte cierra un ciclo dentro del cine Argentino, aunque no podemos decir a bien cual es el inicio del nuevo ciclo que con su ausencia comienza. Nosotros le debemos una que otra aventura audiovisual, el gusto por la búsqueda de nuevos significados, por la poesía implícita y explicita, y en todo momento.
Nosotros también cerramos un ciclo. 2016 fue muy complicado, pero nos dejo buenas lecciones para compartir, grandes historias para contar, y memorables reencuentros del que daremos cuenta de a poco.
El panorama luce difícil para este incipiente 2017, pero hay que seguir adelante, no temerle a la muerte, pues tiene prohibido tocarnos siempre que sigamos diciendo ciertas palabras…
Lo mejor para todos ustedes.


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