Festivaleando

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Hay cierto aura romántico en las primeras producciones del realizador audiovisual, donde, como con los enamorados, solo existe el realizador y su obra. Así nosotros. Cuando planeábamos Si te vas, déjame una lana, no pensábamos en cuál era el paso siguiente una vez que termináramos nuestra opera prima; para nosotros, solo existía la posibilidad de la película terminada, no había un hipotético público, ni teníamos intención de buscarlo. Solo hasta que terminamos la edición y conseguimos el auditorio más grande de la UAM Azcapotzalco para proyectarla, fue que caímos en cabal cuenta de que debíamos exhibirla.
Algo acerca de esta proyección ya contamos en viejas publicaciones, el caso es que, después de la misma, Miguel Ángel Sánchez, camarada y amigo, sugirió que deberíamos enviarla a algún festival de cine. Fue entonces que nos propusimos mover este trabajo y buscarle eco,  encontrar al público.  Corría el año de 2004; en ese entonces, la publicación de convocatorias a festivales de cine se hacía para un círculo muy pequeño y especializado, tanto así que los materiales debían enviarse, para pre-selección, en película de 35 milimetros.
No teníamos los medios para hacerlo, pero no desistimos. Hurgando en la incipiente red de Festivales que comenzaba a publicar sus convocatorias, nos topamos con el Festival de Cine Pobre de La Habana, cuya recepción de materiales era en VHS, muy al calce con nuestras posibilidades. Así que pusimos manos a la obra, pero el envío al país se complico tanto por la cantidad de requisitos que desistimos.
Extraña, coincidentemente, ciertas instancias culturales decidieron comenzar, por aquellos años, una ola de nuevos festivales de cine en el D.F. donde tuvimos oportunidad de colocar nuestras producciones como el desaparecido FICCO o el, en ese entonces, Short Shorts Films Festival, que se convertirían en punto de reunión de nuevos realizadores y referente obligado del cinéfilo duro que buscaba otras opciones. Además, llegaron los festivales independientes como el Quick Flick World o el Festival del Cine a las Calles en donde encontramos refugio y un foro donde presentar nuestros trabajos. Llegaron incluso los festivales en línea  como Filmaka o el NotodoFilms, que comenzaban a generar otras posibilidades de exhibición. El panorama comenzaba a cambiar, y nosotros tuvimos la fortuna de estar ahí cuando las producciones en MiniDV ganaban popularidad entre los realizadores independientes, llamaban la atención de las grandes productoras, abrían paso para el desarrollo del cine digital, y con ello, hacían la realización cinematográfica más accesible, pero, sin embargo, la distribución seguía siendo casi exclusiva de grandes tratos con grades productoras.
Realizadores independientes como nosotros deben buscar foro en los festivales, pues es el público que asiste a estos encuentros quienes buscan estos materiales y, de otra forma, sería casi imposible poder encontrar.
Hay mucho que contar acerca de los festivales de cine y nuestro breve camino en ellos, pero de eso hablaremos en futuras publicaciones.

En serio.   


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