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Caminar por esta enrome ciudad es enfrentar los sentidos con un conglomerado de olores, texturas, sonidos e ideas. De estas últimas, la que más presente tenemos es una poderosa frase de la idiosincracia nacional: Ni modo.
Cuando niños, nos encontramos con ni modo al sabernos merecedores de un castigo por romper una ventana durante el juego, por descuidar la comida que nos encargaron en el fuego o perder el cambio del mandado, si no el dinero completo. Confrontamos nuestra adolescencia cuando ni modo nos deja a solas, admirando a la compañerita y su inseparable mequetrefe, cuando dejamos pasar torpemente las oportunidades que se nos presentan, cuando adultos nos rendimos al cotidiano esperando sólo que las cosas no se compliquen.
Ni modo es una especie de ventana desde donde vemos pasar los días. Trinchera para acariciar planes, puente roto que separa nuestros anhelos de la realidad. Ni modo es el pretexto perfecto para dejar de trabajar. Contagiados de esta idea, crecimos creyendo que no podríamos ser otra cosa si no licenciados o ingenieros, o comerciantes u obreros por que en nuestro entorno imperaba la necesidad de pagar las cuentas antes de entregarse al cultivo del alma, y ni modo. Incluso, cuando comenzamos a buscar un lugar entre los jóvenes realizadores de nuestra generación, nos miraban por encima del hombro por que académicamente no nos habíamos formado cineastas, y ni modo de compartir tiempo y espacio en alguna sala durante una exhibición en algún festival.
La industria cinematográfica nacional se fue a la mierda, y ni modo. Nuestros dirigentes nos roban a manos llenas, y ni modo, vemos la escalera, la ventana, el puente, y es ni modo, y no queda otra cosa que continuar.
Cuando aceptamos trabajar en una agencia para sanear nuestras finanzas, lo hicimos bajo el riesgo de perder de vista nuestros objetivos, al fin de cuentas, es más importante pagar las cuentas que alimentar el alma, ni modo. Afortunadamente, el oficio que escogimos y el camino recorrido nos ha enseñado algo, siempre podemos escoger.
Podemos escoger quedarnos a doblar turno para sacar los pendientes y podemos escoger no quedarnos, renuencias, buscar otra cosa. Podemos escoger seguir en el camino del realizador y aceptar un mal guión, o rechazarlo y buscar nuestra propia voz aunque nos tome mucho más tiempo estar en una marquesina. Podemos escoger quedarnos o irnos, pero siempre buscando nuestra voz, siempre atentos a los objetivos y continuar no por que no hay de otra, si no por que así se desea. Siempre hay opciones.
Con esto en mente, nos entregamos al trabajo pensando el actualizar el equipo, en cultivar las historias, en depurar la técnica. Trabajamos durante varios meses antes de que una reconocida tienda de videojuegos buscara a Halpro y nos permitiera, como colaboradores de esta agencia, ser parte de una campaña en línea para la temporada de otoño del ya lejano 2011. Nos invitaron a concurso con otras agencias para desarrollar dicha campaña, y propusimos una serie de spots de los juegos por estrenarse ese año. Ganamos la cuenta. Nos llenamos de júbilo al sabernos dentro de este proyecto, y más aún cuando nos propusieron dirigir un par de estos spots. Las historias que se contaban en estos spot nos recordaba mucho a lo que hasta ese momento habíamos hecho como Producciones Imperdonables, así quid aceptamos, con un montón de dudas, si, pues el nivel de producción, si bien de bajo costo, ya era mucho mayor que aquel al que estábamos habituados haciendo cortos entre amigos. Elegimos dirigir estos spots, continuar pues, que no nos habíamos rendido, si no abierto un paréntesis.






Aquí el primer spot que dirigimos con Halpro, esperamos que lo disfruten tanto como nosotros al realizarlo.

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