En la neblina

Los años de practica, de dinámica realización donde lo mismo nos embarcábamos en la grabación de un evento social que en la realización de un video corporativo, nos fueron llenando de anécdotas, grandes colaboradores y entrañables amigos. Durante aquel complicado 2008, nos Vicente Cabrera nos invitó a colaborar con la cortinilla de inicio de un programa piloto acerca de cine. El programa nos quedó muy bien, aunque nunca vio la luz. En cambio, nos puso en suerte con Erick Tejeda y Cristian Proa.
Poco tiempo después, Cristian Proa se acercó de nuevo para presentarnos su segundo cortometraje: Neblina. Las imágenes eran muy buenas y la historia, para ser sinceros, no la entendíamos cabalmente, pero el entusiasmo del señor Proa nos convenció de subirnos al tren y editar este corto.
Así que nos reuníamos en el pequeño departamento que rentábamos, muy cerca de la UAM Azcapotzalco, y mientras editábamos y discutíamos sobre discurso cinematográfico, intercambiábamos puntos de vista sobre el cine, bebíamos café hasta que llegaba la hora de salida de la escuela de Sil, quien aún era una bebé durante esos días. Entonces nos dirigíamos al colegio de la pequeña y ahí nos despedíamos para encontrarnos al día siguiente, aunque, durante las noches, nos dedicábamos a retocar las secciones donde la mujer estaba a cuadro para que solo su vestido conservara el color azul que el director quería hacer notar. A la mañana, mostrábamos el avance a Cristian, quien admirado nos agradecía el trabajo hecho mientras nosotros seguíamos preguntándonos quienes eran los personajes y hacia dónde nos dirigíamos con esta historia.  
Con todo lo oscuro, extraño y melancólico que era el material de Neblina, Cristian Proa resulto ser un conversador muy animoso, con un peculiar sentido del humor y una charla de cine y anécdotas de producción que se extendían por horas y horas. terminamos de editar el corto en poco tiempo. Cristian tenía muy en claro hacia donde quería ir, además de que siempre se mostró abierto a hacer cortes y ajustes en aras del ritmo de la historia que estábamos contando.
En aquel entonces, nos costó entender los saltos que componen la historia de Neblina. Esta perspectiva que dan los años, y muchos otros cortos de Cristian después, nos aventuramos a decir que Neblina habla de los anhelos, del miedo a entregarse a estos por que es difícil ver que hay más adelante, y la muerte, esa que sin aviso llega solo para indicar que es ya es la hora, está ahí como certeza de vida por vivir. Neblina se fue a recorrer el mundo, y el señor Proa con ella pues ahora radica en Miami donde sigue siendo un enérgico promotor de la labor audiovisual, además de seguir adelante con sus historias.

Aquí está, pues, Neblina. La única forma de saber que hay adelante, es entrar y ver.




Disfruten el viaje...

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